Desmontamos las galletas oreo y separamos la galleta de la crema. De las 22 oreo que vamos a usar, nos guardamos la galleta de 6 para decorar la parte superior de la tarta cuando esté hecha. La crema la guardamos en un recipiente aparte para usarla más tarde y la galleta la trituramos bien con ayuda de una batidora.
Calentamos la margarina unos segundos en el microondas y, cuando esté derretida, la mezclamos con las galletas trituradas.
Cortamos papel de horno con la forma de la base del molde que vayamos a utilizar (yo he usado uno desmontable) y lo ponemos para que luego sacar la tarta sea más fácil. A continuación esparcimos la masa que hemos hecho con las galletas y la margarina hasta que cubra la base, ayudándonos con una cuchara para presionar y que quede compacto. Metemos el molde en la nevera mientras hacemos el resto de la tarta.
Picamos bien los anacardos con una batidora y los mezclamos con el sirope de dátiles.
En una olla pequeña calentamos la leche de coco con el agar agar, un gelificante natural que podéis encontrar en el supermercado, y llevamos a ebullición sin dejar de remover. Cuando empiece a espesar apagamos el fuego.
Vertemos el contenido de la olla en el recipiente donde tenemos los anacardos y el sirope y añadimos también la crema de las galletas y volvemos a batir bien con la batidora hasta que quede todo bien integrado.
Sacamos el molde de la nevera y vertemos la mezcla que acabamos de hacer. Volvemos a introducir el molde en la nevera y dejamos enfriar durante varias horas (yo suelo dejarlo toda la noche hasta el día siguiente).
Con las 6 galletas trituradas que apartamos al principio decoramos la parte superior de la tarta y… ¡ya está! ¡A disfrutar de este riquísimo postre!