Pelamos las zanahorias y las cortamos en rodajas no muy gruesas y las asamos con un chorro de AOVE en el horno a 180 grados durante 20 minutos, hasta que estén blanditas. También podéis cocerlas al vapor o en una olla.
Cuando las zanahorias estén listas las trituramos y reservamos.
En una sartén grande sofreímos la cebolla picada con un poco de AOVE y la dejamos a fuego medio/bajo hasta que esté traslúcida.
Cuando la cebolla esté traslúcida añadimos la zanahoria a la sartén, salpimentamos y añadimos el curry.
Mezclamos todo muy bien y dejamos unos minutos removiendo mientras tanto para que no se queme.
Ahora vamos añadiendo la harina poco a poco mientras mezclamos bien y después incluimos la bebida vegetal.
Añadimos un chorro de AOVE, la nuez moscada, y corregimos sal y pimienta si es necesario. Continuamos removiendo bien para que no se formen grumos en la bechamel.
Cuando veamos que va espesando y está lista apagamos el fuego y vertemos la bechamel en un tupper o bandeja alargada y dejamos enfriar tapada durante unas horas en la nevera para que se asiente y termine de espesar. Yo suelo dejarla toda la noche, pero con un par de horas sería suficiente si no tenéis tanto tiempo.
Pasado el tiempo de reposo de la masa en la nevera, preparamos en un bol una mezcla de un par de cucharadas de harina de garbanzo y cuatro de agua y batimos hasta que coja una consistencia parecida a la de un huevo batido. En un plato llano aparte echamos pan rallado.
Vamos dándole forma a las croquetas (yo a veces me ayudo con dos cucharas soperas) y seguimos estos pasos: rebozamos en pan, pasamos por la mezcla de harina de garbanzo y volvemos a rebozarlas con pan. Conforme vayamos haciendo esto vamos dejando las croquetas en un plato limpio.
Una vez tengamos las croquetas listas ya podemos hacerlas. Si tenéis tiempo nunca viene mal dejarlas unos minutitos en la nevera para que cojan un poco más de cuerpo.
Para cocinarlas podéis freírlas con aceite en la sartén o hacerlas en el horno o freidora sin aceite (yo las suelo poner a 200 grados) hasta que se doren.
Ahora solo queda disfrutarlas, ¡veréis qué delicia!