En una sartén grande doramos con un chorro de AOVE los ajos picados muy finitos.
Cuando empiecen a dorarse añadimos la cebolla picada y dejamos que se sofría a fuego medio-bajo.
Incorporamos el bacon cortado en trozos cuando la cebolla esté traslúcida, salpimentamos y dejamos unos minutos hasta que se dore un poco. Apagamos el fuego y reservamos.
En otra sartén grande añadimos la harina de trigo y dejamos que se caliente mientras removemos durante unos segundos antes añadir la bebida vegetal.
Cuando añadamos la bebida vegetal vamos removiendo constantemente para que no se formen grumos y, cuando empiece a espesar, incorporamos la nuez moscada, un chorrito de AOVE, sal, el sofrito que teníamos reservado (el del bacon, la cebolla y el ajo) y la mozzarella vegana.
Removemos hasta que espese bien la bechamel. Apagamos el fuego y dejamos enfriar a temperatura ambiente unos minutos.
Ponemos la bechamel en un tupper o recipiente grande y la dejamos en la nevera durante al menos 2-3 horas (yo suelo dejarla toda la noche) para que asiente bien la masa.
Pasado el tiempo de reposo, mezclamos en un cuenco 2 cucharadas de harina de garbanzo y un chorro de agua y removemos hasta que adquiera una textura parecida a la del huevo batido.
Vamos formando las croquetas con porciones de masa y las rebozamos por pan rallado, después las pasamos por la mezcla de "huevo" y, por último, otra vez por pan rallado.
Cuando las tengamos todas listas solo queda freírlas con abundante AOVE en la sartén o hacerlas en el horno o en la airfryer a 200 grados hasta que se doren, ¡como prefiráis!